
31/8/07
30/8/07
Son iguales

La cara pornográfica de Bush

Aunque yo diría que cualquier retrato del amigo es pornográfico.
Según la REA- 2. m. coloq. pornografía (‖ obra literaria o artística de carácter obsceno).
No sé si con tanto porno en la cara se le habrá puesto dura o es que era caradura ya de hace tiempo.
26/8/07
21/8/07
Oigo visiones
Porque ando claramente confundido. Este fin de semana lo pasé, supuestamente, en La Puntilla, un bello paraje situado en la Costa del Sol salvadoreña. Y digo supuestamente, y en este punto pido la colaboración del navegante -para desenmarañar el misterio-, porque no soy capaz de discernir si realmente estuve allí o, por el contrario, se trató de un sueño, más que real, hiperreal.
A continuación me explico con todo el lujo de detalles posible y espero que, con todos los datos recabados, alguna alma más clarividente y experta, que se caracterice por un espesor de raciocinio mayor que el mío, arribe a la solución del conflicto en el que aún hoy, pasados los días, chapoteo: si fue verdura o fue ficción.

El sueño en cuestión, o la fantástica realidad, empezó sin ningún acontecimiento que despertara en mí la más mínima sospecha de lo que estaba por suceder. El trayecto hasta La Puntilla se desarrolló dentro de los parámetros de surrealismo que en El Salvador se entienden por normales, con los buses atestados de gente, las gallinas por compañeras de viaje, el mango fresco y la pupusa de queso y frijol.
Pero demos un salto mortal al recuento para situarnos en el primer grano en cuestión, el primero de los puntos que me abanican entre el sueño palpable y la realidad quimérica. Esto es, llegado a la costa, un rebaño de vacas en procesión pastando en la mera playa, celebrando un festivo pic-nic de las algas y las palmeras que la guerrera marea pacífica -no, no es un oxímoron, me refiero a la espiritosa marea del Océano Pacífico- regala a las arenosas orillas. Quizá fuese una manifestación vacuna.

El caso es que el repuñetero sueño, o la disoluta realidad, tomaron tintes zoológicos, pues en un abrir y cerrar de ojos se me presentó educadamente un majestuoso pelicano. Le faltó decirme “Buenos días, caballero bañista”. Sinceramente, lo más cerca que había estado de un pelicano había sido viendo la película Nemo. Y coincidiremos que no es lo mismo.

Para no robarle un ápice de misticismo al sueño decidí no moverme ni un milímetro, para no espantar al magnífico ejemplar, que seguía, apacible, a mi vera. De éste modo anduvo a sus anchas, regalándome un grandilocuente aleteo y una exhibición de pico y papada con engullimiento de pez incluido, folre i manilles. Luego de tanto espectáculo empecé a sospechar que todo fuese, efectivamente, un sueño más real de lo concebible. Y la sospecha sobrevino cuando, en un gesto aventurero, me dispuse a moverme para sorprenderme, quién iba a saber, con la reacción de la sospechosamente mansa ave. Y, eureka, no se inmutó y continuó, hasta que yo me cansé, paseándose y observando detenidamente, como el que va al zoo, a este ejemplar en bañador hawaiano que era yo. Con lo cual, añadimos otro pesito favorable más a la balanza ‘sueño’, que a estas alturas le ha sacado ya un terreno considerable a la bandejita ‘realidad’. (Los que llegados a este punto estéis ya decididos, podéis mandar un sms al 7777 con el texto A_SUEÑO o B_REALIDAD).
No creáis que la cosa termina aquí. Yo sigo pensando tercamente que todo fue real, pero aún existen otras evidencias que le dan toda la razón del mundo a Calderón de la Barca. Si la vida es sueño, se confirmó este fin de semana. Porque en esa hora definitiva en que aún es brillante el día, pero que por la brisa, el oleaje y los jodidos mosquitos se presiente que el atardecer ya llega, se apareció en el horizonte marítimo, entre una isla i una nube baja, bajísima, el arco iris más completo que jamás se haya dibujado en plastidecor. Era un semicírculo perfecto, enorme como una montaña mágica, que mostraba, cual papagayo vanidoso, cada uno de los colores del panacéico arco iris.

Lo más parecido que recuerdo en materia de arco iris, de hecho el único que había visto en mi vida, lo guardo de cuando, acompañado de papá, vi una pantagruélica semivuelta irisada en (aunque parezca una broma barata) la Avenida de Roma de Barcelona. Pero ya se sabe que los recuerdos infantiles tienden a mitificarse, por lo que presumo que el arco iris de La Puntilla sea un ejemplar único entre mil millones, por su perfecta definición y vivacidad de colores.
Cuando parecía que todo el pescado estaba vendido (iluso de mi) se hizo la noche, y con ella atracó en el mar la tormenta eléctrica más maravillosa que se haya podido ver. Digo yo. Ríete tu de piromusicales y tonterías varias porque, en La Puntilla, la cosa se tornó en una sinfonía lumínica de dimensiones sin parangón. Pero es que hay más. Estaba yo aturdido con semejante espectáculo cuando se me ocurre dar media vuelta. Ciento ochenta grados y, pum, cuál fue mi sorpresa que, tras de mí, a lo lejos, brotaban del horizonte otras dos tormentas eléctricas de tamaño -siendo parco en la adjetivación- excesivo. Resumo el panorama: yo en la arena, en bañador y al calor de la agradable brisa, sin una gota que aguara la fiesta, pero a mi alrededor, rodeándome la espléndida visión, tres tormentas de rayos sin truenos situadas al sur, noreste y oeste. A cada dos y tres segundos, un ramalazo eléctrico partía en mil pedazos una porción de cielo. El caso es que, insisto, allá donde yo me encontraba no caía una sola gota. No sólo eso, sino que, de forma incomprensible, se abrían las nubes al cielo para mostrarme una alfombra colgante con miles de estrellas dibujadas por todos lados. Y alrededor nubes y tormentas, y rayos que asustarían al más ciego.

Rayos y centellas!!
Ante tantas y tan orgásmicas visiones decidí hacer la maleta y terminar de despertar en un viaje de dos horas por la ruta 495, llegando a abrir los ojos, a las 14h del domingo, a San Salvador. Allí vi por televisión que el Sevilla le ganó 3 a 5 al Madrid, en el Bernabéu, con lo cual concluí que todo era, definitivamente, un sueño. Finalmente resolví que la mejor de las ideas era irse a dormir. Y soñé con la cruda realidad.
15/8/07
13/8/07
Tegucigalpa

Menos reconfortante es la pista de aterrizaje del aeropuerto, se comenta que es uno de los más peligrosos que existen. Si uno arriba la cima de algunos de los cerros cercanos puede comprobar con estupefacción que la pista de aviación empieza justo donde terminan las casas, a la distancia de una uña.
Como tocaba terminar con los lempiras -moneda de Honduras- me sumergí en el enmarañado mercadillo diario de Tegucigalpa. Todo gangas, baratísimo. Me hice con una bolsa de viaje por tres dólares y me armé de ropa de segunda mano, de esa que me gusta tanto, chapada a la antigua. Camisetas a uno y dos dólares, al cambio.
Satisfecho por las económicas adquisiciones, me dispuse a volver al hostal. En el camino, uno va entendiéndolo todo un poquito más. Viendo la pobreza en las calles y, por encima de todo, a la gran marea de niños de la calle, provistos de botellas y bolsas de plástico donde esnifar cola; unos se pregunta sino es precisamente ésa la bota que les oprime. Plátanos a cinco centavos. Que yo esté pagando absolutas miserias por esos artículos, y que quizá ese sea el desequilibrio de la miseria.
Según cifras oficiales son 20.000 los niños que viven en la calle, de los que 2.000 en Tegucigalpa.
8/8/07
Orillando las preocupaciones

Creo yo que no se puede pedir más. Una playa absolutamente desierta, de esas en las que, por la influencia de las fotoshopicas fotos de agencia de viajes, uno piensa cuando, en efecto, oye hablar de una playa del Caribe, con sus palmeras alegremente diseminadas, su arena dorada y sus aguas de un límpido limpio. Eso, eso; exactamente lo que ya estáis dibujando en vuestro pensamiento. Pues ahí estoy yo, solo y bañándome, apelmazando gracias a estos días los malos espíritus que me quieren entretener en, de los malos, los peores tugurios intestinos. Y lo mejor de todo es que luego no sonó el despertador ni nada de eso.
Semejante representación del Paraíso celestial se encuentra en Triunfo de la Cruz, un pequeño pueblo habitado por la comunidad garífuna.
Garifunas... El principio de su formación fue en 1635 y se cree que fue causada por dos barcos españoles, cargados con fuertes cantidades de esclavos negros, que naufragaron sin tener opción a poder llegar a su destino para lograr la entrega de los esclavos a sus nuevos propietarios… http://www.garifuna.com/index._español.htm
6/8/07
Arriba de las preocupaciones

Lo del dibujo es lo más parecido que he encontrado a la fotografía visual de mi noche en el parque de Tikal (Guatemala). Dormí a las puertas de las ruinas y en plena selva virgen. Me alquilé una hamaca (con la prodigiosa mosquitera incorporada) y pasé la noche intentando adivinar cuál seria la famosa Osa Mayor. Como no tengo ni idea del tema, seguro que fallé todas las veces. Me acompañaban, en la diminuta zona de acampada, apenas otros quince privilegiados, que tuvieron dulces sueños entre tucanes, monos aulladores y pajuiles. Mas todos desconocían 'El Secreto' (me lo confió un amigo): que a unos quince metros de allí también soñaba con los angelitos un cocodrilo (pequeño, pero cocodrilo al fin y al cabo). Hace como cinco años se adueñó de una charca próxima y ahí se quedó. Es el terror de los pajarillos que se le acercan.
Ya con el parque cerrado me fui a ver el anochecer, y a la mañana su correspondiente amanecer, encaramado a un árbol de unos 15 metros, a donde se accede a través de una escalera de madera. Tiene capacidad para cuatro personas, pero sólo yo llegué hasta ese remoto lugar (otro buen secreto de mi amigo). Así que pude disfrutar de la soledad acompañado de trillones de animalitos.